Inicio   [800x750]    Acerca de


hizo volver la cabeza, y exclamar:
   –– ¡Señor de Artagnan!... ¡Corred pronto vosotros, y abridle la puerta!   
   Un grupo de ocho mocetones corrió a la verja, la cual fue abierta como si hubiera sido de plumas, y todos se deshacían en   cumplimientos porque sabían la acogida que el amo solía hacer a este amigo.
   ––   ¡Ah! –– dijo sonriente Artagnan, que se balanceaba sobre el estribo para saltar en tierra ––. ¿Dónde está ese querido conde?
   –– ¡Ay, señor, cuánta es vuestra desgracia ––exclamó Blaisois––, y cuál será también la pena del señor conde, nuestro amo, cuando sepa vuestra llegada!–– Por, una casualidad, acaba de marchar hace dos horas.
   Artagnan   no   se apuró por tan poca cosa.
   ––Bueno ––dijo––, veo que siempre hablas con la mayor corrección del mundo; vaya, me darás una lección de gramática y de buen lenguaje; mientras espero el regreso de tu amo.
   ––Imposible, señor ––dijo Blaisois––, tendríais que aguardar mucho tiempo.
   –– ¿No volverá hoy?
   ––Ni mañana, señor, –– ni pasado mañana; el señor conde ha salido para hacer un viaje.
   –– ¡Un viaje! –– dijo Artagnan asombrado.
   –– ¿Me cuentas un cuento?
   ––Señor, es la pura verdad. El conde me ha hecho el honor de confiarme la casa, aña-diendo con su voz de autoridad y de dulzura: “Dirás que he ido a París”.
   Entonces, bueno––exclamó Artagnan––: puesto que camina hacia París; ya tengo todo lo que deseaba saber; por allí debiste comenzar, tonto... ¿Lleva dos horas de delantera?

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente