Planchet las cerró con doble vuelta.
––Y abre la ventana ––añadió Artagnan––, para que el ruido de los carros y transeúntes ensordezca al que intente escucharnos.
Hecho lo cual, Artagnan bebió del vaso de vino, y dijo:
––Planchet, tengo una idea.
–– ¡Oh! Señor, qué bien, os conozco en esto ––respondió el abacero con gran emoción.
Capítulo 20.- Se Forma Sociedad en “El Pilón de Oro” para Explotar la
Idea de Artagnan
Después de un instante de silencio, durante el cual Artagnan pareció recoger, no una, sino todas sus ideas, dijo.
––Es imposible, amigo Planchet, que no hayas oído hablar de Su Majestad Carlos I, rey de Inglaterra.
––Sí, señor, y recuerdo que vos de fuisteis a Francia para ayudarle, faltando poco para que os arrastrase en su caída.
––Veo que tienes buena memoria
––Por mala que la tuviese no lo hubiera olvidado. Cuando Grimaud, que, como sabéis, no habla nunca, se decide a relatar cómo cayó la cabeza del rey Carlos, cómo navegasteis la mitad de la noche en un barco lleno de pólvora, y cómo apareció sobre las aguas el cadáver de Mordaunt, con un puñal clavado en el pecho, no es cosa de olvidarlo.
––Sin embargo, hay algunos que lo olvidan.
––No se lo habrán oído referir a Grimaud
––Pues bien, ya que te acuerdas, tanto mejor, así no tendré que recordarte sino que Car-los I tenía un hijo.
––––Dos; sin que esto sea contradeciros –– replicó Planchet–– porque, yo he visto en –París al segundo, al señor duque de York; un día que iba al