vio la mirada bri-llante, la mano musculosa y los robustos lomos de su consocio, tomó ánimo, y sin sentimiento alguno añadió un rasgo a su firma. Artagnan hizo lo propio. Así fue redactada la primera escritura de sociedad conocida. Tal tez se ha abusado después un poco de la for-ma y, de la esencia.
––Ahora ––observó Planchet llenando el último vaso de vino de Anjou a Artagnan––, marchaos a dormir, mi querido amo.
––No ––repuso Artagnan––, porque ahora queda por hacer lo más difícil, y voy a pen-sar en ello.
–– ¡Bah! –– dijo Planchet ––. Tengo una confianza tan ilimitada en vos, señor de Ar-tagnan, que no daría mis cien mil libras por noventa mil.
––Y el diablo me lleve ––dijo Artagnan––, si no creo que tendríais razón.
––Dicho esto, Artagnan tomó una luz, subió a su cuarto, y se acostó.
Capítulo 21.- Artagnan se Prepara a Viajar para “Planchet y Cia.”
Artagnan meditó tanto toda la noche, que por la mañana ya estaba su plan resuelto.
–– ¡Eso es! ––dijo sentándose en la cama, apoyado un codo sobre la rodilla––. ¡Eso es! Buscaré cuarenta hombres a toda prueba, reclutados entre gente algo comprometida, pero habituada a la disciplina; les prometeré quinientas libras al mes, si vuelven; nada si no vuelven, o la mitad para sus parientes. Respecto a comida y alojamiento, esto concierne a los ingleses, que tienen bueyes en los pastos, tocino en el saladero, gallinas en los corra-les y trigo en los graneros. Me presentaré al general Monk con este cuerno de ejército, le parecerá bien, tendré su confianza y abusaré de ella lo más pronto posible.
Pero, sin ir más lejos, Artagnan movió la cabeza interrumpiéndose. ––No