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juzgar por la primera apariencias, debía contar con ellos como buenos compañeros.
   A las cuatro y media de aquella misma tarde llegó a Calais, y se encaminó a la hostería El Gran Monarca.

   Capítulo 22.- Artagan Viaja para “Planchet y Cía.”

   La hostería El Gran Monarca se encontraba situada en una calle paralela al puerto, sin dama él mismo; anglinas callejuelas cortaban las dos grandes líneas rectas del puerto y de la calle. Por estas callejuelas se desembocaba de la calle al puerto.
   Artagnan llegó al puerto, dirigióse por una de estas calles y cayó inopinadamente ante la hostería El Gran Monarca.
   El momento era bien escogido, y pudo recordar a nuestro hombre su presentación en la hostería El Molinero Franco, en Meung. Algunos marineros que acababan de jugar a los dados, habían armado pendencia y se amenazaban con furor. El posadero, la posadera y dos criados, vigilaban con ansiedad el corro de estos malos jugadores, en cuyo centro amenazaba estallar la guerra, erizada de hachas y cuchillos.
   Entretanto proseguía el juego. Un banco de piedra estaba ocupado por dos hombres, que de este modo parecían vigilar a la puerta; cuatro mesas en el fondo de la sala común, estaban ocupadas por otros ocho individuos, y ni los hombres del banco, ni losa de las mesas tomaban parte en la pendencia ni en el juego. Artagnan reconoció a sus diez hom-bres en estos espectadores tan fríos e indiferentes.
   La pendencia iba creciendo. Toda pasión tiene, como el mar, su marea que afluye y re-fluye. Un marinero, llegado al paroxismo de su pasión, echó al suelo la mesa y el dinero que sobre ella había, al instante todo el personal de la hostería se arrojó sobre las puertas y un crecido número de

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