Inicio   [800x750]    Acerca de


   El rey estremecióse de impaciencia_ y se encogió de hombros.
   Y habiéndole apresado en la calzada de Newcastle ––continuó Artagnan––, se lo traigo a Vuestra Majestad.
   ¡Me lo traéis! ––exclamó el rey, casi indignado de lo que consideraba como una mixti-ficación. ––Sí, Majestad ––siguió Artagnan en el mismo tono––, os lo traigo; allá abajo está en una gran caja con agujeros, para que pueda respirar.
   –– ¡Dios santo!
   ––¡Oh! Tranquilizaos, señor, se ha tenido con e1 el mayor cuidado; así es que llega en buen estado, y perfectamente acondicionado. ¿Desea Vuestra Majestad verle y charlar con él, o hacerle tirar al agua?
   –– ¡Oh! ¡Dios mío! ––repitió Carlos––. ¿Decís verdad, caballero? ¿No me insultáis con alguna indigna burla? ¿Habréis llevado ––a término ese rasgo inaudito de audacia y de genio? ¡Imposible!
   –– ¿Me permite Vuestra Majestad que abra esta ventana? ––dijo Artagnan abriéndola.
   El rey no tuvo tiempo siquiera para contestar. Artagnan dio un silbido agudo' y prolon-gado que repitió tres veces en el silencio de la noche.
   ––Aquí ––dijo–– van a traérselo a Vuestra Majestad.

   Capítulo 29.- Artagnan teme haber entrado en un negocio ruinoso

   El rey no podía volver de su asombro, y miraba ora al risueño semblante del mosquete-ro, ora a la ventana que había abierto Artagnan. Pero antes de que hubiera fijado sus ideas, ocho, de los hombres del mosquetero, porque los otros dos quedaron guardando el barco, trajeron aquél objeto de figura oblonga que encerraba de momento los destinos de Inglaterra.
   Antes que saliera de Calais, Artagnan había hecho confeccionar en esta ciudad una es-pecie de féretro bastante ancho y profundo para que un

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente