––Tratemos de negocios, Majestad ––interrumpió Mazarino, que ni se entusiasmaba ni tenía puños de encaje.
—Sí, señor ––replicó Luis XIV––. Decid vuestra comunicación, señor conde repuso volviéndose a Athos.
Athos comenzó, en efecto, y propuso solemnemente la mano de lady Enriqueta Estuar-do al joven príncipe, hermano del rey.
La conferencia duró una hora, después de la cual abriéronse las puertas de la cámara a los cortesanos, que volvieron a sus puestos, como si nada se hubiera suprimido para ellos de las ocupaciones, de aquella noche.
Athos se encontró entonces cerca de Raúl, y el padre y el hijo pudieron estrecharse la mano.
Capítulo 42.- Mazarino se Hace Pródigo
Mientras Mazarino procuraba reponerse de la fuerte alarma que acababa de tener, Athos y Raúl conversaban en un rincón de la sala. ¿Con que estáis en París, Raúl?–dijo el con-de.
––Sí, señor, desde que vino el príncipe.
––No puedo conversar con vos en este sitio, donde nos observan; pero ahora mismo me marcho a casa, donde os aguardo tan pronto como os lo permita el servicio.
Raúl se inclinó. El príncipe iba derecho a ellos.
Este tenía aquella mirada clara y profunda que distingue a las aves de rapiña de especie noble, y su misma fisonomía presentaba algunos rasgos distintivos de esta semejanza. Se sabe qué el príncipe de Condé tenía la nariz aguileña; aguda e incisiva, y una frente le-vemente rápida, más bien baja que elevada, lo cual, según decían los huílones de la Corte; gente inexorable hasta para con el genio, constituía más bien un pico de águila que una nariz humana, en el heredero de los famosos príncipes de la casa