Inicio   [800x750]    Acerca de


las frentes se inclinaban a su paso.
   Entonces dijo el príncipe con voz muy baja a Athos:
   –– ¿Es este el secreto?
   ––No soy yo quien lo ha dicho, monseñor.
   –– ¿Se casa con la hermana de Carlos II?
   ––Me parece que sí.
   El príncipe reflexionó un momento y sus ojos lanzaron un vivo relámpago.
   ––Ea ––dijo con lentitud, como si hablase consigo mismo––, otra vez la espada en la vaina... ¡y por mucho tiempo!
   Y suspiró.
   Todo lo que contenía este suspiro de ambiciones sordamente sofocadas, de ilusiones ex-tinguidas y de esperanzas burladas, sólo Athos lo adivinó, porque sólo él oyó el suspiro.
   Luego se despidió del príncipe y se marchó el rey.
   Athos, con una seña que hizo a Bragelonne, le renovó la invitación hecha al principio de esta escena. . Poco a poco quedó desierta la cárnara, y el cardenal, presa de padecimientos que ya no pensaba disimular, gritó con voz apagada:
   –– ¡Bernouin! ¡Bernouin!   
   –– ¿Qué quiere Vuestra Eminencia?
   ––Guénaud... ¡Que llamen a Guénaud! ––dijo su Eminencia––; creo que voy a morir.
   Bernouin, azorado, corrió al gabinete a dar la orden, 'y el picador que salió a buscar al médico cruzóse con la carroza del rey en la calle de San Honorato.

   Capítulo 43.- Guénaud

   La orden de Su Eminencia era urgente; Guénaud no se hizo esperar.

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente