Inicio   [800x750]    Acerca de


encendidos:
   –– ¡Silencio, silencio!   
   ––Monseñor, hace dos meses que sé el secreto; ya veis que lo he guardado bien.
   ––Vete Guénaud, yo tendré cuidado de tu fortuna; vete, y dile a Brienne que me envíe a un dependiente llamado Colbert. Anda.

   Capítulo 44.- Colbert

   Colbert no se encontraba lejos. Durante toda la noche había estado en un corredor char-lando con Bernouin y con Brienne, y comentando, con la acostumbrada habilidad de los cortesanos, las noticias que se presentaban como burbujas, de aire sobre el agua en la superficie de cada acontecimiento. Ya es hora de trazar en pocas palabras uno de los re-tratos más interesantes de aquel siglo, y trazarlo con tanta verdad como quizá hubieran podido hacerlo los pintores contemporáneos. Colbert fue un hombre sobre el cual tienen igual derecho moralistas e historiadores.
   Tenía trece años más que Luis XIV, su futuro amo. Era de regular estatura, más bien flaco que grueso, de ojos hundidos, cara pequeña y cabellos fuertes, negros y ralos, lo cual, como dicen los biógrafos de su época, le obligó a gastar gorro antes de tiempo. Una mirada preñada de severidad y aun de dureza; una especie de gravedad que, para los infe-riores, era orgullo, y, para los superiores, afectación de virtud; ceño para todas las cosas, aun cuando estuviera sólo mirándose en un espejo; he aquí todo lo relativo al exterior del personaje. En lo moral, se exageraba la profundidad de su talento para las cuentas, su ingenio para hacer producir la misma esterilidad.
   Colbert pensó obligar a los gobernadores de las plazas fronterizas a que

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente