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dispuesto por la ma-ñana temprano con ideas frescas y la consulta de la noche.

   Capítulo 68.- Artagnan Continúa Investigando

   Al punto de la mañana, Artagnan ensilló por si mismo a Furet, que había hecho una comilona aquella noche y devorado él solo los restos de las provisiones de sus dos com-pañeros.
   El mosquetero tomó todos sus informes del hostelero, a quien halló hábil, desconfiado, y adicto en cuerpo y alma al señor Fouquet.
   Resultó de ello que, para no dar ninguna sospecha a este hombre, continuó con la fábula de la probable compra de algunas salinas.
   Embarcarse en La Roche Bernard para Belle Isle, hubiera sido exponerse a comentarios que tal vez se habrían hecho ya.
   Era, singular, además, que aquel viajero y su lacayo hubieran permanecido en secreto para Artagnan, a pesar de todas las preguntas que había dirigido el hostelero, quien pare-cía conocerlo a fondo.
   Hízose, pues, dar noticias sobre las salinas y tomó el camino de los pantanos, dejando el mar a su derecha, y penetrando en aquella vasta y desolada llanura, que parecía un pié-lago de fango; cuyas ondulaciones argentaban algunas crestas esparcidas de sal.
   Marchaba Furet maravillosamente con sus pequeños pies nerviosos sobre las estrechas calzadas que dividían las salinas. Tranquilo Artagnan sobre las consecuencias de su caída que le obligaba a tomar un baño frío, se dejaba llevar, contentándose con mirar en el horizonte los tres campanarios agudos, que semejantes a hierros de lanzas, salían del cen-tro de aquella llanura desolada.
   Piriac, el pueblo de Batz y Le Croisic, semejantes unos a otros, llamaban y suspendían su atención. Si el viajero daba una vuelta, para

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