––¿Para ver á Aramis?
––Sí.
––Pues bien, yo he venido expresamente para ver a Aramis . . .
––Es cierto.
––Marcharé con vos.
––¡Toma! Eso es.
––Sólo que debía empezar por ver a Aramis y luego a vos. Pero el hombre propone y Dios dispone; comenzaré por vos y acabaré por Ararais.
––Perfectamente.
––¿Y en cuántas horas vais desde aquí a Vannes?
–– ¡Oh Santo Dios! En seis horas. Tres por mar de aquí a Sarzeau y tres horas de cami-no desde Sarzeau a Vannes.
––¡Qué cómodo es eso! ¿Y cuántas veces vais a Vannes estando tan cerca del obispa-do?
––Una vez a la , semana. Pero aguardad que recoja mi plano. Porthos cogió el plano, lo enrolló con cuidado y lo sepultó en su bolsillo.
––Bueno ––dijo aparte Artagnan, me parece que ya sé ahora quién es el ingeniero que fortifica a Belle Isle.
Dos horas después había subido la marea, y Porthos y Artagnan se encaminaban a Sar-zeau.
Capítulo 71.- Procesión en Vannes
La travesía de Belle Isle a Sárzeau se hizo con mucha rapidez, merced a uno de los bu-ques corsarios de que habían hablado a Artagnan durante su viaje, y que, destinados a dar caza, se abrigaban momentáneamente en la rada de Locmaría, desde donde uno de ellos, con la cuarta parte de su tripulación, hacía el servicio entra Belle Isle y el continente.
Artagnan tuvo ocasión de persuadirse de que Porthos; aunque ingeniero y