Inicio   [800x750]    Acerca de


con unas buenas espuelas y una mano suave, que no son los ciervos los corredores más ágiles de la crea-ción.

   Capítulo 74.- Artagnan Corre, Porthos Ronca, Aramis Aconseja

   Treinta o treinta y cinco horas después de los acontecimientos que acabamos de referir, y cuando el señor Fouquet, según su costumbre; se había encerrado a laborar en aquel gabinete de su casa de Saint Mandé que ya conocemos, una carroza, tirada por cuatro caballos bañados en sudor, entraba al galope en el patio.
   Aquella carroza era probablemente esperada; porque tres o cuatro lacayos se precipita-ron a la portezuela y la abrieron. Mientras el señor Fouquet se levantaba de su bufete y corría a la ventana, un hombre salía penosamente de la carroza, bajando con dificultad. los tres escalones del estribo y apoyándose en el hombro de los lacayos.
   Apenas dijo su nombre, el lacayo sobre quien se apoyaba se lanzó hacia la escalinata y desapareció en el vestíbulo.
   Este hombre iba a avisar a su amo; mas no tuvo necesidad de llamar a la puerta, Fou-quet estaba de pie en el umbral.
   ––Su Ilustrísima el obispo de Vannes ––dijo el lacayo.
   ––¡Bien! ––respondió Fouquet.
   E inclinándose sobre la barandilla de la escalera, cuyos primeros peldaños empezaba a subir Aramis:
   ––¿Vos, querido amigo, ––dijo––, tan pronto?
   ––Sí,. yo mismo; mas molido y estropeado, como veis.
   ––¡Oh! Pobre amigo mío ––dijo Fouquet presentándole su brazo, sobre el cual se apo-yaba Aramis, en tanto que los servidores se apartaban con respeto.
   –– ¡Bah! ––respondió Aramis––Esto no es nada; lo principal era llegar, y

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente