––¡Pues bien, la verdad! Lo mismo me pasa a mí; pero es preciso confesar que tenéis un corazón bien malo.
––Aura, querida Aura, cuidado; si volvéis a las ofensas, ya sabéis el efecto que me cau-san, y voy a adoraros.
Y, diciendo estas palabras, se acercó otra vez a la joven. En el mismo momento resona-ron pasos en la escalera.
Estaban tan cerca los jóvenes, que los hubieran sorprendido en brazos uno de otro, si la de Montalais no hubiese rechazado violentamente a Malicorne, el cual fue a dar de espal-da en la puerta, que se abría en aquel momento.
Entonces oyóse un grito seguido de injurias.
Madame de Saint-Remy era quien había dado este grito y quien profería estas injurias; el desgraciado Malicorne acababa de aplastarla entre la pared y la puerta.
––¡Otra vez este bribón! ––exclamó la vieja dama––. ¡Siempre os he de hallar aquí!
––¡Ah, señora! ––respondió Malicorne con voz respetuosa––. ¡Hace ocho días muy lar-gos que no he aparecido por aquí!
Capítulo 78.- Donde Reaparece Finalmente Nuestra Verdadera Heroína
En pos de madame de Saint-Remy subía la señorita de La Vallière.
Oyó la explosión de la rabia materna, y, como adivinaba el motivo, entró temblando en la sala y vio al desgraciado Malicorne, cuyo continente desesperado hubiera emocionado o divertido a cualquiera que lo hubiese observado a sangre fría.
En efecto, Malicorne se había atrincherado detrás de una enorme silla, como para evitar los primeros asaltos de madame de Saint-Remy no confiaba ablandarla por la palabra, porque ella hablaba más alto que él y sin