––Señora ––le dijo––, ¿sabéis que el señor Malicorne me nombrará camarista?
––El señor de Malicorne es un príncipe disfrazado ––replicó la vieja dama––, y todo lo puede.
––¿Deseáis vos ser también camarista? ––preguntó Malicorne a madame de Saint-Remy––. Mientras esté allá haré nombrar a todo el mundo.
Y salió inmediatamente, dejando a la pobre dama trastornada.
––Vamos murmuraba Malicorne mientras bajaba la escalera––; otro billete de mil libras me va a costar esto; pero es necesario tomar un partido porque mi amigo Manicamp no hace nada de balde.
Capítulo 79.- Malicorne y Manicamp
La presentación de estos dos nuevos personajes en esta historia, y su misteriosa afini-dad de nombres y sentimientos, merece cierta atención por parte del lector y del cronista. Vamos, pues, a entrar en ciertos detalles sobre el señor Malicorne y el señor de Mani-camp.
No ignoramos que Malicorne había hecha el viaje de Orleáns para ir en busca del des-pacho destinado a la señorita de Montalais, cuya llegada acaba de producir tan viva sen-sación en el castillo de Blois. En aquel momento hallábase en Orleáns el señor de Mani-camp, singular personaje, mozo de mucho ingenio, pero siempre muy necesitado, por más que gastase a voluntad de la bolsa del conde de Guiche, uña de las bolsas mejor provistas de su época.
El conde de Guiche había tenido por compañero de infancia a Manicamp, pobre hidalgo vasallo, oriundo de los Grammont.
El señor de Manicamp habíase creado con su genio una rica renta en la familia del ma-riscal.
Por un cálculo superior a su infancia, siempre había dado su nombre y