–– “Urgente.”
Malicorne entregó la epístola, y Manicamp añadió la palabra.
––¡Bueno! ––dijo Malicorne tomando de nuevo el papel. Manicamp púsose a contar los doblones.
––Faltan veinte ––dijo.
––¿Cómo?
––Los veinte que he ganado.
––¿Dónde?
Apostando que tendríais la epístola de Guiche, en ocho horas justo.
Y le dio veinte doblones. Manicamp empezó a coger el oro a manos llenas y a hacerlo llover sobre su cama.
––He aquí un segundo empleo ––se dijo Malicorne sacando el papel–– que a primera vista parece costarme más que el primero; pero… Aquí se detuvo, tomó la pluma. y escri-bió a Montalais:
“Señorita: Participad a vuestra amiga que no puedo tardar en recibir su empleo; salgo para hacerlo, firmar, y habré caminado ochenta y seis leguas por vuestro amor...”
Después volvió a la frase interrumpida con una sonrisa diabólica: “He aquí un cargo que, al principio, parecía que había de costarme más caro que el primero; pero... creo que los beneficios serán en proporción a los gastos, y, la señorita de La Vallière me producirá más que la de Montalais, o no me llamaría yo Malicorne.”
––Adiós, Manicamp ––dijo en voz alta.
Y salió.
Capítulo 81.- El Patio del Palacio Grammont
Al llegar, Malicorne a Etampes, supo que el conde de Guiche acababa de salir en direc-ción a París.