mariscales de Francia?
Raúl empezó a encenderse; porque veía dónde iba á parar Wardes.
–– No. ¿Quién ha sido nombrado?
––Y no hará de eso mucho tiempo, porque ha ocho días aun estaba vacante la plaza; por más señas, Su Majestad se la negó a Monsieur, que la pedía para uno de sus protegidos.
––Pues la ha negado al protegido de Monsieur, a fin de dársela al caballero de Artag-nan, un segundón de la Gascuña que ha arrastrado la espada treinta años por las antecámaras.
––Perdonad si os interrumpo, señor ––dijo Raúl lanzando a Wardes una mirada llena de severidad–– mas creo que no conocéis a aquel de quien habláis.
–– ¡Que no conozco al señor de Artagnan! ¡Dios mío! ¿Pues quién no lo conoce?
––Los que lo conocen ––dijo Raúl con más calma y frialdad ––están obligados a decir que si no es tan buen gentilhombre como el rey, lo cual no es falta suya, iguala a todos los soberanos del mundo en valor y lealtad. Esta es mi opinión, caballero, y gracias a Dios, conozco al señor de Artagnan desde que nací.
Wardes iba a contestar; pero le interrumpió Guiche.
Capítulo 82.- El Retrato de Madame
Guiche, conoció perfectamente que iba a agriarse la discusión.
En efecto; en la mirada de Bragelonne había algo manifiestamente hostil.
Y en la de Wardes como un cálculo de agresión.
Sin darse cuenta de los distintos sentimientos que agitaban a los dos amigos, Guiche pensó en parar el golpe, que conocía próximo a darse por uno o por otro, y tal vez por ambos.