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   Pero, luego dijo de pronto:   
   ––Señor de Bragelonne, no conozco un corazón mas noble que el vuestro; sois digno hijo del más acabado caballero… Habitad vuestras tiendas.
   Y echó los brazos al cuello de Raúl.
   Maravillada toda la concurrencia de este movimiento, que de ningún modo podía espe-rar, prorrumpió en frenéticos vivas.
   Guiche también abrazó a Buckingham, algo a disgusto, pero al fiel le abrazó.
   Esta fue la señal; ingleses y franceses, que hasta entonces habíanse mirado con preven-ción, fraternizaron en el mismo instante.   
   Mientras sucedía esto, llegó el cortejo de las princesas, quienes, a no ser por Bragelon-ne, hubieran encontrado batallas y sangre.
   Todo quedó en calma al aparecer las primeras banderas.   

   Capítulo 86.- La Noche

   Reinaba ya la concordia en las tiendas. Ingleses y franceses rivalizaban en galantería para con las ilustres viajeras, y en urbanidad entre sí.   
   Aquéllos enviaron a los franceses flores de lasque habían hecho provisión para festejar-la llegada de la princesa; los franceses invitaron a los ingleses a una comida que debían dar el día siguiente.
   Madame recogió a su paso entusiastas aclamaciones.
   Aparecía como una reina, a causa del respeto de todos; como un ídolo, a causa de la adoración de algunos.
   La reina madre dispensó a los franceses la más afectuosa acogida. Francia era su país, y había sido demasiado desgraciada en Inglaterra para que Inglaterra la hubiera hecho olvi-dar a Francia, de este modo enseñaba a su hija el amor al país donde ambas habían encon-trado la hospitalidad, y donde ahora iban a encontrar la fortuna de un porvenir. brillante.

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