ese hombre es peligroso y os matará.
––Mi padre ––contestó Raúl–– ha vivido veinte años amenazado por un enemigo más terrible, y no ha muerto. Soy de una sangre que favorece Dios, señor duque.
––Vuestro padre tenía excelentes amigos, vizconde.
––Sí, amigos como ya no hay.
––¡Oh! No digáis eso en el instante en que os brindo con mi amistad.
Y abrió sus brazos a Bragelonne, que recibió con regocijo la alianza ofrecida.
––En mi familia ––añadió Buckingham–– se muere por aquellos que se aman, bien sa-béis esto, señor de Bragelonne.
––Sí, duque, lo sé ––respondió Raúl.
Capítulo 88.- Lo que el Caballero de Lorena Pensaba de Madame
Nada interrumpió ya el sosiego de la marcha. Bajo un pretexto que no llamó la aten-ción, tomó la delantera el señor de Wardes, llevándose a Manicamp, cuyo humor, igual y pacífico, le servía de contrapeso.
Hay que notar que los ánimos turbulentos e inquietos siempre encuentran una asocia-ción que hacer con caracteres dulces y tímidos, como si los unos buscaran en el contraste un descanso a,1 su humor, y los otros una defensa a su propia debilidad.
Buckingham y Bragelonne, iniciando a Guiche en su amistad, formaban durante la marcha un concierto de alabanzas en honor de la princesa.
Sólo que Bragelonne había obtenido que el tal concierto se diese por tríos en lugar de proceder por solos, como Guiche y su rival parecían tener la peligrosa costumbre.
Éste método de armonía fue muy grato a madame Enriqueta y a la reina madre; quizá no fue de tanto gusto para la joven. princesa, que era