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   Capítulo 90.- El Consentimiento de Athos

   Raúl salió del Palias Royal preocupado con pensamientos que no admitía dilación po-nerlos en práctica.
   Montó a caballo y tomó el camino de Blois, mientras se verificaban, con gran alegría de los cortesanos y gran pena de Guiche y de Buckingham, las bodas de Monsieur y de la princesa de Inglaterra.
   Caminaba aprisa; en dieciocho horas llegó a Blois.
   Durante el camino había preparado sus mejores argumentos.
   La fiebre también es un argumento sin réplica, y Raúl tenía fiebre.
   Athos hallábase, en su gabinete, añadiendo algunas páginas a sus Memorias, cuando en-tró Raúl, conducido por Grimaud.
   El caballero no tuvo necesidad más que de una mirada para reconocer algo de extraor-dinario en la actitud de su hijo.
   ––Me parece que venís para asuntos de importancia –– dijo, señalando una silla a Raúl, después de haberlo abrazado.
   ––Sí, señor ––respondió le joven––; y os ruego me prestéis esa benévola atención que siempre me habéis concedido.
   –– Hablad, Raúl.
   –– Señor: he aquí el hecho sin ningún preámbulo, indigno de un hombre como vos: la señorita de La Vallière se halla en París como camarista de Madame. ––Me he consultado bien, y amo a la señorita de La Vallière con toda mi alma, y no me conviene dejarla en un puesto donde su reputación y su virtud pueden verse expuestas; deseo, por tanto, darle, mi mano, y vengo, señor, a solicitaros vuestro consentimiento para este matrimonio.
   Athos había guardado durante esta comunicación un silencio y reserva absolutos.
   Raúl comenzó su discurso con la afectación de la sangre fría, y lo había

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