Inicio   [800x750]    Acerca de


al rico, al poderoso, y pediré yo mismo ese millón o esos doscientos caballeros... y veremos.
   –– ¡Oh! ––exclamó Carlos––Sois un amigo noble; un corazón creado por Dios! ¡Me li-bertáis, hermano mío; y cuando tengáis necesidad de la vida que me dais, pedídmela!
   –– ¡Silencio, hermano, silencio! ––––dijo en voz baja Luis––. ¡Cuidad que no os oigan! Aún no hemos concluido. ¡Pedir dinero a Mazarino! ¡Eso es mucho más que atravesar el bosque encantado donde cada árbol encierra un diablo; eso es más que ir a conquistar un mundo!
   ––Mas, no obstante, cuando vos pedís…
   ––Ya os he dicho que nunca he pedido ––respondió Luis con orgullo que hizo palide-cer, al rey de Inglaterra.
   Y como éste, semejante a un hombre herido, hiciese un movimiento de retirada:
   ––Perdón, hermano ––murmuró––, yo no tengo una madre y una hermana que padez-can. Mi trono está duro y desnudo, pero estoy bien sentado en él.. Perdón, hermano, no me hagáis un cargo por esa palabra que es propia de un egoísta. Ya la recogeré con sacri-ficio. Voy en busca del señor cardenal; os ruego que me esperéis; vuelvo al momento.

   Capítulo 10.- La Aritmética de Mazarino

   En tanto que el rey se dirigía rápidamente hacia el ala del castillo ocupada por el carde-nal, acompasado solamente de su ayuda de cámara, él oficial de mosqueteros, respirando como hombre obligado a contener mucho tiempo el aliento, salía del reducido gabinete de que ya hemos hecho mención; y que el rey creía solitario. Este gabinete formaba en otro tiempo parte de la cámara y sólo estaba separado de ella, por un delgado tabique. De aquí resultaba que tal separación, cuyo único objeto era quo

Capítulo disponible en: Inglés Francés Rumano Siguiente